VII
La Guerra Civil y el segundo intento de Segregación
Durante los años 30, en El Puerto, el sindicato anarquista CNT contaba con (según fuentes de ese mismo sindicato) aproximadamente 1500 afiliados, teniendo también representación en fábrica la UGT.
Lo cierto es que, este potente movimiento obrero, basaba todas sus esperanzas revolucionarias en el advenimiento de la II republica.
A este respecto A. Ortiz y J. Mª Prats, escriben: “Este particular era muy temido por la oligarquía local saguntina…” y continúan, más tarde: Durante los siguientes dos años, la brecha histórica entre la oligarquía y el pueblo se convirtió en abismo. Los obreros se sentían traicionados por la democracia republicana, y los partidos de izquierda no habían sabido encajar la derrota electoral. Ambos bandos se radicalizaron hasta hacerse irreconciliables. El movimiento obrero sólo aspira ya a conseguir la revolución soviética; los partidos de derecha, como Falange, sólo desean imponer el fascismo en España.
En este contexto, cualquier revés político para uno u otro bando sólo podía desembocar en revancha violenta sobre el otro. Así, tras los sucesos de octubre de 1934 en Asturias (un intento de revolución soviética protagonizado por los mineros que fue duramente reprimido) las izquierdas comienzan a organizarse para forzar unas nuevas elecciones y hacerse con el poder. Se crea la amplísima coalición electoral denominada Frente Popular, que aglutina a partidos socialdemócratas junto a socialistas y comunistas, liderada por Manuel Azaña. Cuando en febrero de 1936 se convocan elecciones, las fuerzas están tan igualadas que tanto el partido en el poder como el Frente Popular podían alzarse con la victoria. Las derechas, temiendo la derrota, se organizan para conseguir que el sector más conservador del Ejército se pronuncie en caso de perder las elecciones. Y así ocurrió.
Con Azaña como presidente de la República y con un gobierno muy dividido entre los partidos del Frente Popular, se produce el fracasado golpe de Estado de las derechas el 18 de julio de 1936. Los generales Mola (desde el Navarra) Queipo de Llano (desde Andalucía) y Franco (desde Canarias y Marruecos) intentan que el resto de capitanías generales se les unan para establecer un Directorio Militar a imagen y semejanza del que se había establecido en los últimos años de la monarquía. Pero fracasan. Sólo controlan las áreas más deprimidas y menos industriales de España, y la capital, Madrid, se mantiene fiel a la República. Esto determinará la larga Guerra Civil que asoló España durante tres años (1936–1939) y que acabó instaurando un largo período dictatorial.
El conflicto civil tuvo importantes consecuencias para Puerto de Sagunto. Un mes después del golpe que originó la contienda, el 17 de agosto de 1936 muere en Bilbao a los 79 años de edad el fundador de Puerto de Sagunto, Sir Ramón de la Sota y Llano. La gerencia de sus negocios por sus herederos no fue fácil en un momento en que el joven gobierno autónomo vasco había quedado aislado del resto del Estado y estaba siendo asediado por el ejército de Mola.
Puerto de Sagunto había permanecido fiel a la II República. Además, con la caída del País Vasco y Asturias y la pérdida de Teruel en 1937, la factoría siderúrgica era la única que le quedaba al gobierno constitucional que residía a tan sólo 23 kilómetros, en Valencia. En conclusión, se intervino la gerencia de la CSM y la CMSM por parte del Ministerio de la Guerra a fin de asegurarse la producción, en la cantidad necesaria, de bombas y cascos para proyectiles de artillería, y de chapas para el blindaje de aviones y, especialmente, de tanquetas.
No es extraño, por consiguiente, que Puerto de Sagunto fuera un objetivo preferente en los bombardeos de la aviación franquista. Su destrucción, así como la de otros centros valencianos de producción bélica, podía significar el desarme para la República, sobre todo después de que ésta perdiera las industrias del norte. Y es que la única ayuda que se recibía del exterior era la de los voluntarios de las Brigadas Internacionales y la que procedía de la Unión Soviética, cuyos envíos de material no fueron regulares y chocaban con trabas como el bloqueo franquista de los puertos mediterráneos o el cierre de la frontera francesa con Cataluña.
Durante toda la Guerra Civil, la Compañía Siderúrgica del Mediterráneo, denominada Fábrica número 15 de la Subsecretaría de Armamento, quedó reducida a dos de los cinco Hornos de Acero (utilizando cargas frías –lingote y chatarra- y no hierro líquido), a los trenes de laminación, y a los talleres mecánicos. Cuando en abril de 1938 las tropas franquistas lleguen a Vinaroz, los bombardeos aéreos sobre Puerto de Sagunto se intensifican de tal modo que la Fábrica número 15 llegó a ser el objetivo industrial valenciano más bombardeado, con un total de once ataques aéreos que produjeron daños en sus instalaciones. Los partes oficiales de la Guerra Civil han dejado constancia de estos bombardeos.
La campaña franquista de bombardeos, si bien remitió tras la paralización en julio de la ofensiva sobre Valencia, obligó al gobierno republicano a realizar una serie de traslados de instalaciones industriales hacia municipios del sur, más a retaguardia, en un intento desesperado de asegurar el suministro de munición; en el caso de la Fábrica número 15, fueron evacuados a Cieza (Murcia) los talleres mecánicos.
Previamente a la visita de Negrín, en Barcelona el gobierno concedía al municipio de Sagunto, el 3 de junio de 1938, el “Distintivo al Valor”, por haber soportado más de cien bombardeos. Finalmente, el esfuerzo productivo desarrollado por la fábrica (casi 55.000 T de acero en 1938), su importancia para la República y el precio que hubieron de pagar los trabajadores por causa de los bombardeos, serán también reconocidos por el gobierno con la emisión de una serie conmemorativa de sellos en agosto de 1938.Vemos, por tanto, que el gobierno de la República tenía en alta consideración el esfuerzo que realizaban los obreros porteños. No así el administrador único legalmente reconocido por el bando franquista.
Cuando el 19 de junio de 1937 entraron las tropas del general Franco en Bilbao, el gobierno de Burgos se incauta de todos los bienes de Ramón de la Sota. Además le imponen una multa de cien millones de pesetas de entonces por su afiliación y ayuda al Partido Nacionalista Vasco. Toda su familia es condenada al ostracismo y se refugia en el País Vasco-francés, mientras el socio de Sota es reconocido como administrador único de todas las sociedades. De este modo, aquél empresario emprendedor que había conseguido levantar una portentosa industria en la costa valenciana donde antes únicamente había terrenos de escaso valor, el creador de Puerto de Sagunto, caerá en el olvido más absoluto.
Luis María Aznar únicamente estaba interesado en mantener el enorme volumen de negocios que se le concedió, si obtenía algún tipo de ayuda económica que supliera las inversiones de la familia de Sota. Por esto y claudicando a una vieja aspiración de la burguesía bilbaína, inicia en julio de 1938 conversaciones con la dirección de Altos Hornos de Vizcaya, que pretendía absorber la factoría de Puerto de Sagunto desde unos años antes.
Terminada la contienda civil el 1º de abril de 1939, el general Franco impone una dictadura militar de corte fascista en la que destaca la enorme falta de libertades, la represión constante y el deseo de la autarquía económica. Este deseo de tener una economía autosuficiente, sin depender de las importaciones, hará que las empresas que se plieguen al franquismo obtengan subvenciones y todo tipo de ayudas para recuperarse de las pérdidas bélicas.
De este modo, en 1940 se reaviva la actividad de la acería mediterránea gracias al empleo de lingotes de hierro procedentes de Bilbao en los dos hornos Martin-Siemens. En julio de ese mismo año Altos Hornos de Vizcaya absorbe las 130.000 acciones de la Compañía Siderúrgica del Mediterráneo a cambio de una nueva emisión de 27.444 de sus acciones. El 31 de diciembre de 1940 desaparece la CSM”.
Pues bien, es durante la guerra Civil, concretamente en el año de 1937, cuando se produce un segundo intento de segregación encabezado por el miembro de la CNT, Hipólito Delgado Ferrer. El fallido primer intento (boicoteado por la oligarquía saguntina) no había caído en el olvido y los segregacionistas, esta vez representados por un gobierno municipal republicano e izquierdista, solicitaron del Ayuntamiento la segregación total del Poblado del Puerto.
Esta vez se solicitaba un referéndum para que ratificara el autogobierno municipal de la ciudad de EL Puerto. La sesión plenaria en la que tuvo lugar esta propuesta esta datada el 12 de enero de 1937 y recogida en el libro de actas del Ayuntamiento de Sagunto). La moción segregacionista, que fue aprobada por unanimidad, decía lo siguiente: “A propuesta del compañero Hipólito Delgado, solicitando la segregación total del poblado del Puerto de esta Ciudad, se acordó proceder a los tramites reglamentarios y en su día proceder asimismo al plebiscito en ambos núcleos de población , a fin de que se emita el parecer de los vecinos del poblado del Puerto y de Sagunto; y nombrar una comisión compuesta de dos gestores del Puerto y uno de Sagunto a fin de interesar dicha segregación del Consejo Provincial”
Desgraciadamente, las prioridades de la guerra impidieron la realización de este proyecto que quedó abortado una vez más. Además la connivencia manifiesta entre la oligarquía saguntina y el dictatorial régimen franquista (impuesto en España tras la guerra civil) junto con la dramática situación económica que se vivió en el estado español durante la posguerra, pospusieron hasta la década de los 50 cualquier otro tipio de reivindicación segregacionista.