VI

La Gran Crisis
Junto con la finalización de los trabajos de construcción y puesta en marcha de la CSM surge la llamada crisis de sobreproducción que se manifiesta de forma patente en Estados Unidos en octubre de 1929. Una crisis que se hará extensible a todos los continentes ya que la economía mundial dependía casi por entero de los créditos Estadounidenses.

Victima de esta crisis, la nueva industria porteña de Ramón de la Sota sufre, apenas consolidada, un periodo de graves pérdidas. Recordemos además que en 1930 tanto la CMSM como la CSM dan empleo a cerca 4.000 familias en El Puerto.

Con respecto a esta gran crisis, volvemos a retomar el trabajos de los historiadores A. Ortiz y J. Mª Prats, que nos dicen:

“En febrero de 1930 tiene lugar la primera gran huelga obrera en Puerto de Sagunto, que termina con la clausura de los locales del Sindicato Metalúrgico y Siderúrgico. En julio de ese mismo año, ante la baja demanda, la empresa cierra el horno alto número dos, por lo que son despedidos 450 obreros. En vísperas de la II República, las protestas obreras crecen ante los despidos continuados de la CSM y de la CMSM. El Ayuntamiento de Sagunto, para evitar problemas de orden público, decide pagar el viaje a todas las familias de obreros que quisieran volver a sus lugares de origen. Esta medida fue bien recibida por quienes podían esperar sobrevivir en donde eran oriundos, pero la mayor parte de los inmigrados procedían de entornos muy míseros y decidieron quedarse.

Durante el bienio progresista (1931 – 1933) en el que la II República acomete las reformas más urgentes para dotar al país de una auténtica democracia y de un régimen sólido, las esperanzas de los obreros por conseguir sus aspiraciones sociales crecen. Aumenta la presión sobre la patronal y son muchos los desmanes cometidos contra la Iglesia (quema de conventos). Sota se da cuenta de que en estas circunstancias y sin una demanda interna que sustituya a la raquítica del mercado exterior, sus negocios corren serio peligro y decide paralizarlos a la espera de una mejor situación.

El 24 de abril de 1932 son cerradas la batería de cock y el horno alto número 1 en El Puerto. En julio de ese mismo año se deja de trabajar en las minas de Ojos Negros. Son despedidos 1.100 obreros. El futuro del Puerto de Sagunto estaba claro: la extinción a corto plazo si no se conseguía levantar la siderurgia.

Comienza entonces una lucha por la supervivencia que dura hasta que, el 13 de octubre de 1933, gracias al apoyo de la prensa valenciana y de los ayuntamientos de Sagunto y Valencia, el movimiento obrero de Puerto de Sagunto consigue que el Consejo de Ministros acuerde proponer a la Diputación Permanente de las Cortes la aprobación de un crédito extraordinario para adquirir material ferroviario a la CSM.

En definitiva, durante la II República, Puerto de Sagunto se ve inmerso en la que podría ser su fase terminal. Las dos empresas que son la razón de ser del pueblo, la CMSM y la CSM, sufren las terribles consecuencias de la crisis del capitalismo internacional provocada por la especulación bursátil y la sobreproducción. Ambas se ven obligadas a prescindir de mano de obra al reducir su actividad: en 1929 daban empleo a 4.000 trabajadores; en 1936 la plantilla se redujo a 1.800 obreros. Este aumento espectacular del paro obrero amenazaba no sólo la continuidad de la nueva ciudad, sino también el orden público del municipio de Sagunto.

En concreto, las dificultades de los parados de la siderurgia repercutieron en el campo circundante; así, en Canet se registra un aumento en el número de multas por robos en huertas; bajo este clima, el 23 de octubre de 1931 en el pleno del Ayuntamiento de Canet se proponía la creación de un puesto de la Guardia Civil para salvaguardar la seguridad del vecindario ante la invasión que sufría por parte de los obreros parados. La crisis llegará incluso a la tragedia, pues a las siete y media de la mañana del 1 de agosto de 1933, en un camino rural, un vecino de Puerto de Sagunto, León Marín Navarro, moría de un disparo en un forcejeo con un guardia rural de Canet. Por otra parte, las enfermedades típicas de una población marginal y mísera comienzan a arraigar en Puerto de Sagunto: el 21 de mayo de 1933 se establece un dispensario para tratar el tracoma.

En una ciudad producto de la inmigración y en donde todo giraba entorno a la siderurgia, cualquier crisis en este sector repercutía directamente en las demás actividades económicas. Los servicios, como los bancos y cajas de ahorro (en especial el Banco de Bilbao y la Caja de Ahorros y Socorros de Sagunto), las agencias de seguros, las de transportes de mercancías y viajeros (la primera parada de taxis se había establecido en 1928) y los establecimientos comerciales (bares, tiendas de ultramarinos, sastrerías…) veían peligrar su continuidad ante la considerable merma de los ingresos de su potencial clientela. Por otra parte, aunque el sector primario, concentrado en la citricultura de exportación, parecía ser el menos afectado por la depresión, también sufrió sus consecuencias. Muchos agricultores tenían en la siderurgia un complemento a sus rentas, bien siendo ellos mismos empleados de las empresas de Sota, bien colocando sus productos de huerta en el mercado de abastos.

Por tanto, la inmigración, no deseada en los primeros años, se había vuelto imprescindible para el crecimiento y estabilidad económicos de la comarca. Además, el campo saguntino no era capaz de absorber el exceso de mano de obra provocado por la crisis de la siderurgia: la citricultura ofrece empleo temporal, concentrado en el corto período de la recolección.

Es fácil imaginar, pues, la inquietud que entre la oligarquía local producía la grave situación por la que atravesaban las empresas de Sota desde 1930. Esa masa de más de dos mil familias reivindicando trabajo era una angustiosa pesadilla en el momento en que España se había convertido en una “República democrática de trabajadores de toda clase”, en donde el gobierno progresista de Manuel Azaña intentaba remediar el secular atraso de España llevando a término unos profundos e históricos cambios (separación entre el Estado y la Iglesia, reforma del Ejército, reforma agraria, estatutos de autonomía para las regiones), para dotar de contenido real a aquella frase con la que daba comienzo la Constitución de 1931.”

Así pues, durante la gran crisis se nos muestra, una vez más la absoluta dependencia que la ciudad de El Puerto tenia de la Compañía Minera de Sierra Menera y La Compañía Siderúrgica del Mediterráneo, y la nula vinculación que existía entre la economía saguntina y los habitantes de El Puerto.

De hecho tuvo que ser el gobierno de la republica quien a través de la comisión permanente de las cortes (octubre de 1933) encargase a la CSM la fabricación de 25000 toneladas de vía férrea impidiendo así, el cierre definitivo de la factoría.

Por otra parte, el Ayuntamiento siguió durante todo este periodo mostrando la misma dejación de funciones que había manifestado anteriormente. Como muestra pondremos el ejemplo de la “no titularidad publica” de Avenidas (como la Alameda) o las plazas. Así nos lo demuestra la lectura del estudio de J. Martín Martínez quien refiriéndose a este asunto escribe: “…Un hecho curioso es que, al igual que la Alameda, estas plazas mantuvieron un carácter privado hasta muy tarde. Este hecho viene dado por haber sido formadas en terrenos privados sin ninguna intervención municipal, y no pesar sobre ellas, las servidumbres más asumidas históricamente, que afectan a las calles”. Y más tarde continua diciendo: “La única plaza que, junto a la de Luis Cendoya, tuvo carácter municipal desde un principio, fue la plaza de Joaquín Rodrigo, pero no porque el Ayuntamiento la adquiriese, sino porque el propietario de los terrenos los cedió en 1930 con tal fin”.

Se manifiesta pues, una vez más, una constante histórica: en muchas ocasiones el Ayuntamiento de Sagunto ha cobrado arbitrios a los ciudadanos de El Puerto por unos servicios que ni siquiera ha prestado.